Un viaje que inspiró la teoría de la evolución por selección natural

El 15 de septiembre de 1835, un pequeño buque de la Armada británica llamado HMS Beagle echó el ancla frente a las oscuras costas volcánicas de San Cristóbal, la isla más oriental del archipiélago de las Galápagos. A bordo iba un naturalista de veintiséis años llamado Charles Darwin. No era un científico consagrado que buscara acabar con siglos de dogmas biológicos; era un coleccionista entusiasta y meticuloso, ansioso por estudiar la geología, las plantas y los animales de esas masas de tierra aisladas.

En aquel momento, ni Darwin ni el capitán Robert FitzRoy podían imaginar que las cinco semanas que pasaron navegando por ese desolado archipiélago ecuatorial acabarían por desmontar la visión científica dominante sobre la creación y redefinir la forma en que la humanidad entiende el mundo natural.

Para valorar la importancia de las Islas Galápagos en la historia de la ciencia, hay que ir más allá del mito popular de un avance repentino y espectacular. Darwin no pisó las rocas de lava, miró a un pinzón y formuló al instante la teoría de la selección natural. La realidad es mucho más fascinante: fue una historia de observación metódica, errores, registros minuciosos y años de reflexión intelectual tras su regreso a Inglaterra.

Cinco semanas que cambiaron para siempre la historia natural / Lo más destacado de «Las Galápagos de Darwin»

El HMS Beagle en el estrecho de Magallanes, Argentina, presumiblemente con Charles Darwin a bordo
Darwin exploró las Islas Galápagos a bordo del HMS Beagle — R. T. Pritchett / Dominio público

Las cinco semanas que pasó navegando por un archipiélago volcánico aislado convirtieron a Charles Darwin de un meticuloso coleccionista en el artífice de la ciencia de la evolución. Esto es lo que los viajeros independientes deberían saber sobre la historia, las especies y el terreno que desencadenaron una revolución científica.

  • Aislamiento volcánico: Formado por erupciones submarinas hace millones de años, el desolado terreno basáltico creó microclimas aislados en los que la flora y la fauna se adaptaron con total independencia del continente sudamericano
  • Desembarco en San Cristóbal: como primer punto de desembarco del HMS Beagle en septiembre de 1835, el Cerro Tijeretas y la bahía que lo rodea le permitieron a Darwin ver por primera vez reptiles endémicos y formaciones volcánicas
  • La observación sobre el caparazón de las tortugas: el vicegobernador Nicholas Lawson, en la isla Floreana, señaló que las formas de los caparazones variaban de forma predecible entre las islas, lo que constituía una de las primeras pruebas de adaptación localizada.
  • Los sinsontes frente a los pinzones: las sutiles variaciones en el plumaje de los sinsontes entre las distintas islas fueron los principales motivos que hicieron que Darwin empezara a sospechar que las especies no eran entidades fijas
  • La taxonomía de John Gould: el ornitólogo británico John Gould identificó más tarde trece especies distintas de pinzones terrestres de la colección de Darwin, estableciendo así el principio de la radiación adaptativa
  • Un retraso de dos décadas: hicieron falta veinticuatro años de minuciosa investigación, cría de palomas y análisis de poblaciones en Inglaterra antes de que Darwin publicara *El origen de las especies* en 1859
  • Lugares históricos conservados: los visitantes de hoy en día aún pueden explorar entornos que se han mantenido intactos en Tagus Cove y Post Office Bay gracias a las estrictas normas del parque nacional y a los protocolos de turismo de bajo impacto

El viaje del HMS Beagle y su llegada al archipiélago

Un piquero de patas azules mira directamente a la cámara en las Islas Galápagos.
Darwin había recogido miles de especímenes de flora, fauna y fósiles — Sofía / Unsplash

El HMS Beagle había recibido el encargo del Almirantazgo de realizar estudios hidrográficos a lo largo de la costa de Sudamérica. Darwin se había unido a la expedición como acompañante no remunerado del capitán FitzRoy y como naturalista. Cuando el barco llegó a las Islas Galápagos en septiembre de 1835, el viaje ya llevaba casi cuatro años. Darwin había explorado las pampas de Argentina, escalado partes de los Andes y recogido miles de especímenes de flora, fauna y fósiles.

Las Islas Galápagos, situadas a unos 1.000 kilómetros de la costa del Ecuador continental, ofrecían un paisaje totalmente diferente a las frondosas selvas tropicales o a los altos puertos de montaña que Darwin había visto antes. Formadas por la actividad volcánica submarina hace millones de años, las islas presentaban un aspecto desolado y lunar. Los lechos de lava basáltica negra, los cráteres irregulares y los nopales dominaban el terreno cerca del nivel del mar.

Darwin anotó sus primeras impresiones en su diario, describiendo el paisaje como algo parecido a los hornos de hierro de Staffordshire. Sin embargo, a pesar del entorno hostil, las islas rebosaban de formas de vida insólitas que mostraban una sorprendente falta de miedo hacia los humanos. Los piqueros de patas azules anidaban justo en los senderos, las tortugas terrestres gigantes deambulaban por las tierras altas y las iguanas marinas negras —los únicos lagartos del planeta que se alimentan en el mar— tomaban el sol por miles en la orilla.

Isla a isla / Las exploraciones de Darwin por cuatro paradas clave

Un río tranquilo discurre por un paisaje volcánico del que brotan cactus en la isla Isabela, en las Galápagos
Darwin exploró los paisajes volcánicos durante diecinueve días — Bjarn Bronsveld / Unsplash

Durante los treinta y cinco días que el HMS Beagle pasó en las aguas del archipiélago, Darwin pasó diecinueve días en tierra firme repartidos entre cuatro islas principales: San Cristóbal, Floreana, Isabela y Santiago. Cada lugar le aportó una pieza distinta de un rompecabezas que no empezaría a resolver hasta años más tarde.

IslaNombre históricoObservaciones históricas clave 
San CristóbalIsla de ChathamPrimer lugar de aterrizaje; estudio geológico de los cráteres volcánicos
FloreanaIsla de CharlesEl vicegobernador destaca las diferencias en el caparazón de las tortugas según la isla
Isabela Isla de Albemarle Estudio exhaustivo de las iguanas marinas y terrestres
SantiagoIsla de JamesImportante colección de especímenes de aves, insectos y plantas

San Cristóbal / Isla de Chatham

El barco fondó primero cerca de lo que hoy es Puerto Baquerizo Moreno. Darwin pasó sus primeros días estudiando la geología de la isla, maravillándose ante los cientos de conos volcánicos extintos. Recogió sus primeros ejemplares de sinsontes de las Galápagos y de plantas, y se dio cuenta de que, aunque las especies se parecían a las del continente sudamericano, tenían características locales bien definidas.

Floreana / Isla Charles

Continuando hacia el oeste, el HMS Beagle fondeó en Floreana, donde había una pequeña colonia penal fundada por Ecuador. Allí, Darwin mantuvo una breve pero crucial conversación con el vicegobernador de la isla, Nicholas Lawson. Lawson comentó de pasada que podía saber de qué isla concreta procedía una tortuga gigante con solo fijarse en la forma y el dibujo de su caparazón. 

Las tortugas de las islas más secas tenían caparazones con forma de silla de montar que les permitían alcanzar la vegetación más alta con el cuello, mientras que las de las islas más húmedas y frondosas tenían caparazones con forma de cúpula. Darwin tomó nota de esta observación, aunque en aquel momento no llegó a comprender del todo sus revolucionarias implicaciones.

Isabela / Isla Albemarle

En Isabela, la isla más grande del archipiélago, Darwin observó los espectaculares flujos de lava de la ensenada de Tagus y se pasó horas observando iguanas marinas. Le fascinaba su adaptación a la alimentación en el océano, y se fijó en cómo nadaban con facilidad entre las olas para alimentarse de algas submarinas, a pesar de que su estructura física era, por lo demás, idéntica a la de los lagartos terrestres.

Santiago / Isla de James

En octubre, Darwin pasó nueve días acampando en Santiago con su ayudante, Syms Covington. Este fue su periodo más productivo en cuanto a la recolección de especímenes. Recogió aves, reptiles, insectos y flora tanto de la costa árida como de las humeas tierras altas del interior. Fue en Santiago donde Darwin recogió la mayoría de los especímenes de aves terrestres que más tarde se harían famosos en la biología evolutiva.

Las especies que desvelaron el secreto / Sinsontes, tortugas y pinzones

Un pinzón verde de las Galápagos está posado en un árbol con un pétalo rosa en el pico
Darwin no se dio cuenta de la importancia de los pinzones hasta que regresó a Inglaterra — Eli Prater / Unsplash

La cultura popular suele atribuir el descubrimiento de la evolución casi exclusivamente a los pinzones de Darwin. Sin embargo, los registros históricos y los propios cuadernos de Darwin revelan una historia un poco diferente.

El papel fundamental del pájaro burlón

Los primeros animales que realmente hicieron sospechar a Darwin de que las especies no eran entidades fijas no fueron los pinzones, sino los sinsontes. En San Cristóbal, Floreana, Isabela y Santiago, Darwin se dio cuenta de que los sinsontes presentaban sutiles diferencias de color, tamaño del pico y marcas de una isla a otra.

A diferencia de los pinzones, que eran muy difíciles de distinguir sobre el terreno, los sinsontes se diferenciaban lo suficiente como para que Darwin catalogara con cuidado de qué isla procedía cada ejemplar. Mientras navegaba hacia Tahití tras dejar las Galápagos, Darwin reflexionó sobre estas aves en sus notas ornitológicas y escribió que, si estos sinsontes fueran variedades distintas confinadas a islas separadas, esos hechos socavarían la estabilidad de las especies.

Las tortugas gigantes y la radiación adaptativa

Las tortugas gigantes (Chelonoidis) nos dieron otra pista clave sobre el aislamiento geográfico. El aislamiento de las islas, separadas por profundas fosas oceánicas, creó unos laboratorios naturales en los que las poblaciones, limitadas a sus entornos locales específicos, se fueron adaptando a lo largo de generaciones a las fuentes de alimento y a los microclimas disponibles.

Los pinzones y el descubrimiento de John Gould

Cuando Darwin recogió pequeñas aves terrestres por todas las islas, al principio le costó mucho clasificarlas. Confundió varias especies de pinzones terrestres, pinzones de cactus y pinzones currucas con miembros de familias de aves totalmente diferentes, como los mirlos, los chochines y los picogordos. Lo más importante es que no etiquetó muchos de sus ejemplares de pinzones por isla concreta, sino que los agrupó todos bajo la categoría general de «Galápagos».

No fue hasta que volvió a Londres, en octubre de 1836, cuando empezó a surgir la imagen real de las cosas. Darwin le entregó su colección al distinguido ornitólogo y artista británico John Gould. A principios de 1837, Gould dio una noticia sorprendente: todas esas pequeñas aves tan variadas no eran una mezcla aleatoria de diferentes familias, sino un grupo muy emparentado de pinzones terrestres compuesto por trece especies distintas que no se encontraban en ningún otro lugar del mundo.

Esta revelación hizo que Darwin se diera cuenta de algo muy importante. Una única especie ancestral debió de llegar al archipiélago desde el continente sudamericano hace millones de años. A lo largo de largos periodos de tiempo, a medida que las poblaciones se dispersaban por diferentes islas con distintos recursos alimenticios —semillas, insectos, frutos de cactus—, se fueron adaptando hasta acabar divergiendo en especies totalmente nuevas.

De las notas de campo a «El origen de las especies»

La portada de *Sobre el origen de las especies por medio de la selección natural, o la preservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida*, de Charles Darwin
La publicación de El origen de las especies en 1859 llevó más de dos décadas — Wikimedia Commons / CC 4.0

El camino desde que observó las variaciones en las Galápagos en 1835 hasta que publicó *El origen de las especies* en 1859 duró más de dos décadas. Darwin era muy consciente de la conmoción social, científica y religiosa que sus ideas provocarían en la Gran Bretaña victoriana.

A su vuelta, Darwin empezó a escribir sus cuadernos secretos sobre la transmutación de las especies en 1837. En 1838 leyó el ensayo de Thomas Malthus sobre la dinámica de la población, que le proporcionó el mecanismo clave que necesitaba: nacen más individuos de los que pueden sobrevivir, lo que da lugar a una lucha por la existencia en la que se conservan las variaciones favorables y se eliminan las desfavorables. Este mecanismo pasó a conocerse como selección natural.

En 1839, Darwin publicó su relato de viaje, *El viaje del Beagle*, que le valió una fama literaria inmediata. En él, escribió de forma profética sobre el archipiélago de las Galápagos: «El archipiélago es un pequeño mundo en sí mismo… Al ver este alto grado de organización en islas pequeñas, áridas y rocosas, parece que nos acercamos un poco más a ese gran hecho —ese misterio de misterios—: la primera aparición de nuevos seres en esta Tierra».

Durante veinte años, Darwin fue perfeccionando su teoría, haciendo experimentos de cría con palomas, estudiando los percebes y manteniendo correspondencia con naturalistas de todo el mundo. No fue hasta 1858, cuando Alfred Russel Wallace llegó por su cuenta a un concepto casi idéntico de la selección natural, que Darwin se animó a publicar su obra. El 24 de noviembre de 1859 se publicó «El origen de las especies por medio de la selección natural», y se agotó la tirada el primer mismo día.

Visitar las históricas Galápagos hoy en día

Un gran grupo de tortugas gigantes de las Galápagos camina entre los arbustos de la Isla Isabela
Las Islas Galápagos siguen siendo una de las experiencias de historia natural más impactantes — Diego F. Parra / Pexels

Para los viajeros de hoy en día, explorar las Islas Galápagos sigue siendo una de las experiencias de historia natural más intensas del planeta. Gracias a los estrictos protocolos de conservación establecidos por el Parque Nacional de las Galápagos y la Fundación Charles Darwin, gran parte del archipiélago se conserva en un estado muy similar al que Darwin encontró en 1835.

Lugares históricos clave que no te puedes perder

  • Cerro Tijeretas (isla de San Cristóbal): Situado cerca de Puerto Baquerizo Moreno, este cerro ofrece unas vistas panorámicas de la bahía donde Darwin pisó tierra por primera vez tras desembarcar del HMS Beagle.
  • Estación Científica Charles Darwin (Isla de Santa Cruz): Fundada en 1959, este centro de investigación internacional sin ánimo de lucro aporta información esencial sobre los programas de cría de tortugas gigantes y las iniciativas de restauración del hábitat que se llevan a cabo en todo el archipiélago
  • Post Office Bay (isla Floreana): Un barril de madera histórico que dejaron los barcos balleneros en 1793, donde los marineros dejaban el correo sin sellar para que lo recogieran los barcos que volvían a casa. Darwin visitó este mismo lugar durante su estancia en Floreana.
  • Tagus Cove (isla Isabela): Un fondeadero protegido de aguas profundas al que solían acudir piratas, balleneros y tripulaciones navales. Los visitantes aún pueden ver grafitis históricos tallados en las paredes de roca volcánica que datan del siglo XIX.
Métrica de conservaciónEstado / DetallesImportancia
Protección de los parques nacionalesEl 97 % de la superficie terrestreConserva hábitats vírgenes
Inclusión en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCODeclarado en 1978Reconoce el valor global
Área de reserva marina198 000 kilómetros cuadradosProtege las migraciones marinas fundamentales

Conocer la historia profunda de estas islas convierte un viaje que, en un principio, era unas simples vacaciones para observar la fauna en una inmersión en la historia de la ciencia. Cuando ves a una iguana marina zambullirse en las frías aguas de la corriente de Humboldt u observas a una tortuga gigante pastando en los bosques nubosos de las tierras altas, estás presenciando los mismos fenómenos naturales que cambiaron para siempre la forma en que los humanos entendemos la vida misma.

Reflexiones sobre un legado científico perdurable

Un pelícano está posado sobre unas rocas en la orilla, con Kicker Rock al fondo.
Las Galápagos fueron el catalizador que permitió desentrañar el mecanismo que conecta a todos los seres vivos — Kuhnmi / Wikimedia Commons / CC 2.0

Las cinco semanas que Charles Darwin pasó en las Islas Galápagos demuestran el poder de la observación paciente, la investigación científica con mente abierta y la conciencia medioambiental. El archipiélago no fue solo un escenario pintoresco; fue el catalizador esencial que permitió a uno de los naturalistas más importantes de la historia desentrañar el mecanismo que conecta a todos los seres vivos.

Al analizar los retos actuales de la conservación, las Galápagos nos recuerdan lo frágiles que pueden ser los ecosistemas aislados, y lo importante que es proteger estos «laboratorios vivos» para las generaciones futuras.

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Preguntas frecuentes sobre Charles Darwin y las Islas Galápagos

¿Cuánto tiempo pasó realmente Charles Darwin explorando las Islas Galápagos?

Darwin pasó treinta y cinco días en aguas de las Galápagos entre septiembre y octubre de 1835 a bordo del HMS Beagle. Durante ese tiempo, pasó diecinueve días en tierra realizando trabajo de campo en cuatro islas concretas: San Cristóbal, Floreana, Isabela y Santiago.

¿Formuló Darwin la teoría de la selección natural mientras estaba en las islas?

No. Darwin no tuvo ningún momento de inspiración repentina durante sus visitas a tierra. Su teoría se fue desarrollando poco a poco tras su regreso a Londres en octubre de 1836, a raíz de conversaciones con el ornitólogo John Gould y tras años de reflexión sobre sus cuadernos de campo.

¿Por qué los sinsontes fueron más importantes que los pinzones durante el viaje inicial?

Darwin no etiquetó muchos de sus especímenes de pinzones por isla durante sus viajes de recolección. Sin embargo, llevó registros geográficos precisos de los sinsontes, y observó variaciones físicas distintivas de una isla a otra que pusieron en duda por primera vez su creencia en la permanencia de las especies.

¿Qué lugares históricos de la expedición de 1835 pueden visitar hoy en día los viajeros?

Si viajas por tu cuenta, puedes visitar el Cerro Tijeretas en San Cristóbal, donde Darwin pisó tierra por primera vez; la Bahía de la Oficina de Correos en Floreana, con un histórico buzón en forma de barril que usaban los marineros del siglo XVIII; la Ensenada del Tajo en Isabela; y la Estación Científica Charles Darwin en Santa Cruz.

¿En qué se diferencian los caparazones de las tortugas gigantes de unas islas a otras?

Las tortugas que viven en islas secas y áridas desarrollaron caparazones en forma de silla de montar y cuellos alargados para alcanzar los cactus altos. Por el contrario, las que viven en las tierras altas húmedas y frondosas desarrollaron caparazones abombados, perfectos para pastar la vegetación a ras de suelo.

¿Cómo se conserva el archipiélago para los visitantes de hoy en día?

El 97 % de la superficie terrestre forma parte del Parque Nacional de las Galápagos, complementado por una reserva marina que abarca 198 000 kilómetros cuadrados. Las estrictas cuotas de visitantes, la obligación de contar con un guía local y los senderos señalizados protegen los delicados ecosistemas que Darwin observó hace casi dos siglos.

Ecuador.

Una auténtica maravilla en el ecuador.

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